
Cuando no has podido dormir en las noches, que haces. Sueles levantarte a ver Tv, jugar play, llamas a alguien por el celular, escuchas música, lees, o simplemente tratas de concentrarte y cerrar los ojos para que de una bendita vez puedas conciliar el sueño. Y si no lo haces, alguna vez te ha pasado que en ese intento han pasado tantas horas que ha llegado a amanecer.
Felizmente yo no sufro de insomnio pero en alguna ocasión, por alguna razón no he podido conciliar el sueño como me paso ahora ultimo. En las anteriores oportunidades no hice mucho para combatir mi insomnio temporal y solo me pude acoger a la reverenda paciencia de Morfeo esperando el nada cómodo tiempo de 3 o 4 horas hasta que finalmente la misma inercia (retardada) de mi mente hiciera que duerma sin darme cuenta, aunque sea unas 2 grandísimas horas.
Cuando la cama te da vueltas es una situación incomoda y solo nos consuela el hecho de estar en nuestra cama y que ahí podemos buscar la forma de acomodarnos para empezar a dormir de una buena vez. Pero te imaginas si te encuentras en un lugar ajeno donde la cama no es precisamente lo mejor para dormir. Y si a eso le sumas que tienes que dormir compartiendo la habitación con otras personas en donde, por supuesto nunca faltan, alguien empieza con una elocuente fanfarria boquiabierta, entonces eso te desespera mas aun y solo deseas tirar cualquier cosa a esa persona con tal que calme de una buena vez su molestoso ronquido. Finalmente te puede tocar un compañero de cama, que si no ronca, quizá no te deje dormir, eso es lo peor.
Dicen que cuando roncas no te das cuenta. De solo pensar que yo puedo emitir eso ruido espantoso me da vergüenza. Menos mal que no tengo a nadie quien me escuche, así que estoy a salvo de cualquier crítica mordaz. Lo peor que te puede pasar es una exposición en publico, por ejemplo en un autobús lleno de pasajeros, donde agobiado por el cansancio y el largo viaje, te eches a los brazos de Morfeo y empieces a tomar una posición como mirando al techo, con la boca abierta y explayando de forma inconsciente tu mas desenfadado ronquido viajero.
Volviendo netamente a lo del insomnio, la vez pasada no aguante y decidí hacer algo y no quedarme a merced de mi cama. Decidí ver Tv pero no había nada interesante así que no quería aburrirme y prendí la computadora, entre a internet pero no encontré nada nuevo que hacer, solo encontré a dos blogger que comentar y después nada nuevo. Me puse a jugar Need for Speed, pero el calor que sentía cuando estaba en mi cama volvía otra vez y entonces maldije al motor de mi ventilador de torre, pues ya no funcionaba y convertía mi pequeño cuarto en un caldero. Salí al balcón y pude refrescarme un poco. Desde ahí divise parte del barrio y note que algunos tenían luz en sus habitaciones. Mire el reloj y eran las dos de la mañana y fue donde me pregunte, y qué si salgo a correr. Era algo que no hacia hace mucho tiempo y que en ese instante me pareció interesante, no solo por la hora, sino por la exposición deportiva que iba a someter a mi cuerpo después de tantísimo tiempo. Me puse un buzo con una capucha para aparentar bravura ya que sabía que transitar por las calles del Rímac (Barrio donde vivo)y parte de San Martin Porres (Barrio colindante al Rimac, ambos con tener fama de bravos)no era precisamente una mini maratón de San Silvestre. Lo bueno era que lo iba hacer corriendo así que de alguna manera ya estaba preparado para ser un Usain Bolt si me encontraba con algunos pandilleros. Tuve suerte en mi recorrido olímpico pues era un día de semana apacible y mi ruta hasta la UNI (Universidad Nacional de Ingenieria, a 15 minutos de mi casa) resulto tranquila, mas no para mi cuerpo que a mitad de camino empezó a sentir los estragos de la falta de deporte y entonces pensaba, si se aparecía una horda de pandilleros como carajo corro, si apenas podía trotar, entonces se me ocurría que lo único que me salvaría seria un noble taxista que pasara por ahí y cual película hollywoodense, no me subiría, sino me lanzaría con el vehículo en marcha por la ventana abierta para salvar mi vida. Felizmente nada de eso ocurrió, y lo que si me sorprendió fue la gente de limpieza que trabaja a esas horas y algunos recolectores de botellas que aprovechan las horas de la madrugada para llevarse algo de comer.
Por lo demás, esa noche pude volver a dormir, ya rendido por el cansancio y la refrescante ducha que me propino un adormecimiento encantador que tanto buscaba. Y tú que harías para dormir.